Por Cira Rodríguez César (Prensa Latina *)
A cuatro años de establecerse por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) el compromiso de eliminar las peores formas del quehacer infantil para 2016, el tercer informe anual sobre esa meta afirmó que "disminuye, pero a un ritmo más lento".
De no modificarse esta tendencia, quedará sin cumplirse ese anhelo, tal como proclamó la propia OIT en el documento.
El texto, enviado a todo el mundo por el director general de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Juan Somavía, afirma que se necesita con urgencia redoblar los esfuerzos para poner fin a esa forma de utilización de fuerza de trabajo barata.
Actualmente 215 millones de niños laboran en el mundo para sobrevivir, de los cuales 115 millones lo hacen en labores riesgosas o en condiciones de explotación.
Pero las nuevas estimaciones sobre el trabajo infantil presentan un panorama todavía más complejo, en el que se entremezclan algunos progresos y otros tantos motivos de alarma.
En estos momentos ha disminuido un 10 por ciento esa forma de explotación a los menores comprendidos entre cinco y 14 años, y ha caído un 30 el porcentaje en infantes del mismo grupo de edad en ocupaciones peligrosas.
Además, la proporción de las niñas dentro del trabajo infantil descendió un 15 por ciento, sin embargo, conviene destacar que el ritmo de estos progresos es generalmente más lento.
No obstante, entre los 15 y los 17 años, el cual abarca principalmente a los infantes que alcanzan la edad laboral mínima legal, se registra un incremento alarmante del 20 por ciento, sobre todo en los sometidos a condiciones peligrosas en alguna de las peores formas de empleo.
La situación es particularmente preocupante en la región del África subsahariana, donde las estimaciones indican un alza en los cuatro últimos años, según valoraciones de las Naciones Unidas.
De acuerdo con el texto, ese fenómeno involucra no solamente a países subdesarrollados, sino también a las llamadas naciones en transición y a las más industrializadas.
Considerado por los especialistas de la OIT como una denuncia irrefutable, el documento describe, además, la venta de menores de edad y formas de abuso cercanas a la esclavitud, como el empleo de niños como soldados y en el tráfico de estupefacientes, o la explotación sexual de infantes.
Resalta que la mayor parte de los menores explotados se concentra en Asia y el Pacífico, donde suman 113,6 millones, mientras en África subsahariana hay otros 65 millones, en tanto el problema también está presente en Europa.
Ante esas situaciones, la OIT convocó a acciones urgentes con la prioridad de eliminar ese flagelo social y sus peores formas en 2016, pues consideró que a pesar de la crisis económica global no constituye una utopía.
En tal sentido, recordó que Asia y el Pacífico, América Latina y el Caribe reducen el trabajo infantil, mientras África registra un aumento tanto en términos relativos como absolutos.
Dicha región tiene además la más alta incidencia de niños trabajadores, con uno de cada cuatro infantes involucrados en distintas formas de empleo.
Eliminar el trabajo infantil es un objetivo cuya realización no puede esperar por la definitiva recuperación económica, pues es precisamente un elemento que contribuye al desarrollo.
"La desaceleración económica no puede convertirse en una excusa para cercenar la ambición y caer en la inactividad. En cambio, nos ofrece la oportunidad para implementar las medidas que las personas, la recuperación económica y el desarrollo sostenible demandan", apuntó recientemente Somavía.
El Pacto Mundial para el Empleo, también adoptado por la OIT, fue una respuesta a la recesión basada en el trabajo decente mediante políticas centradas en el empleo y la protección social, fundadas en el respeto de los principios y derechos fundamentales del ser humano.
Para lograr esas metas se necesita acceso a una educación de calidad para todos los niños, al menos hasta la edad mínima de admisión al trabajo, además de una ampliación de la protección social.
Asimismo es imprescindible un resguardo a las familias que les permita mantener escolarizados a sus hijos, niños y niñas por igual, y, por último, empleos productivos para los adultos.
Mediante un enfoque integrado del trabajo decente y la posibilidad de superar la pobreza a través de dicho quehacer, no sólo los niños tendrán la oportunidad de desplegar todo su potencial, sino que las comunidades podrán mejorar sus niveles de vida.
En medio de la creciente preocupación sobre el impacto de la desaceleración económica, la OIT advirtió que los esfuerzos para eliminar las peores formas de trabajo infantil están perdiendo fuerza, y exhortó a revitalizar la campaña mundial con vistas a erradicar esta práctica.
Para Constance Thomas, Directora del Programa Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil de la OIT, hay desafíos pendientes en esa batalla:
La magnitud del problema en África, lograr un avance significativo en el sector agrícola -donde trabaja la mayoría de los niños - y la necesidad de desaparecer ciertas formas ocultas de trabajo infantil, que con frecuencia también califican como las peores.
En su opinión, ese mal tiene origen en la pobreza, por lo que está muy clara la forma en que debe combatirse, en primer lugar con la garantía de acceso a la educación y con sistemas de protección social para apoyar a las familias vulnerables, en especial en tiempos de crisis.
De igual forma será decisivo asegurar que los adultos tengan oportunidades de trabajo decente, lo cual combinado con la aplicación efectiva de las leyes que protegen a los menores, determinan el camino a seguir, aseguró Thomas.
Mediante la integración del trabajo decente y la posibilidad de disminuir la pobreza, no sólo los niños tendrán la oportunidad de desplegar todo su potencial, sino que también sus familias y las comunidades mejorarán sus niveles de vida y gozar de mayor estabilidad, lo cual redundará en beneficio de las economías.
(*) La autora es periodista de la Redacción Económica de Prensa Latina.
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