Entre 2009 y los dos primeros meses de 2010, la división de Delitos contra Menores y Familia de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (FELCC) de La Paz atendió 128 casos de violación a menores. El promedio es de casi dos hechos por semana.
“Si hablas, mato a tu madre”, “si cuentas algo, tu padre sufrirá”, “no digas nada o lo sabrán todas tus amigas...”, son algunas de las frases que los pedófilos y pederastas emplean para intimidar a sus víctimas luego de haberlas violado. Aunque no hay cifras de lo que no se denuncia, los jefes policiales dicen que esos argumentos son suficientes para evitar que se enjuicie a los culpables.
Maniatado y violado
En diciembre de 2009, Jaime (nombre ficticio), de 12 años, quien habitualmente se gana la vida como lustrabotas y voceador de minibuses, fue abordado por un desconocido en la Ceja de El Alto.
Allí, le ofreció 40 bolivianos por entregar un sobre en Munaypata, pero cuando llegaron al bosquecillo, el desconocido lo maniató y violó.
El jefe policial recuerda que “el pequeño fue engañado y el pedófilo lo redujo, maniató y violó. Cuando el hecho se consumaba, la intervención de los efectivos de la Unidad de Polivalentes permitió aprehender al violador, pero éste quedó en libertad porque tiene un buen abogado”.
Durante la audiencia de medidas cautelares, el agresor, identificado como Juan M.R. (26), presentó un certificado de trabajo, registro domiciliario, cédula de identidad y demostró que tiene una familia, para beneficiarse con la libertad, aunque debe firmar un libro de control cada viernes, pese a que fue capturado en flagrancia y que las pruebas son abrumadoras.
Después de haber sido abusado, el niño fue sometido a terapia, y aún no se ha recuperado, pues arrastra las secuelas de la agresión sexual que sufrió. La FELCC prosigue las investigaciones de este caso.
Abusada por el compadre
En agosto de 2009, en el barrio paceño de Vino Tinto, Nancy M., de 13 años, fue violada en su domicilio.
Ricardo C. (37), elpresunto violador, pidió a su compadre, Ramiro M., los servicios de su hija para que sea la niñera de sus dos hijos pequeños.
Después de tres sesiones, en las que Nancy atendió a los hijos de su empleador, Ricardo C. le regaló un teléfono celular con el que conversaban a diario.
Después de varias semanas, Ricardo C. comenzó a frecuentar el departamento donde vivía Nancy y aprovechó el que Ramiro M., su compadre, iba cada día a trabajar y dejaba su domicilio, para violar a la menor. La Policía aún no ha establecido cuántas veces abusó de ella.
“La llamaba por el teléfono celular. ‘Abrí, estoy en tu puerta’, decía”. Y la pequeña obedecía porque estaba intimidada.
Un investigador de la FELCC reveló que la niña se convirtió en víctima habitual del compadre de su progenitor, aunque en una ocasión, posiblemente cansada de los vejámenes, lo enfrentó, intentó defenderse y gritó.
Los vecinos escucharon el escándalo y fueron a auxiliarla, pero el hombre amenazó con matarla con un cuchillo.
“¿Pasa algo?”, preguntó un vecino, “No, no pasa nada, es el televisor y por eso grité”, respondió la menor amedrentada. El violador se había escondido debajo de una mesa ante la posibilidad de que el extraño ingresara a la habitación y lo sorprendiera en flagrancia.
Según el investigador de la FELCC, “el sujeto la violó en reiteradas ocasiones y la tenía intimidada, porque le dijo que incluso iba a matar a su padre”.
Después de cuando menos dos meses de ser agredida permanentemente, en agosto del año pasado, Nancy se quejó a su padre y éste presentó la denuncia ante la FELCC, que abrió una investigación, aunque ésta avanza lentamente.
No hay aprehendidos por este caso y el sindicado fue convocado a declarar, pero no se pudo conocer ningún otro dato.
El Código Niño, Niña y Adolescente impide a las autoridades policiales, judiciales y de centros de terapia dar a conocer mayores datos de los casos en los que se involucra a menores, ya sea como víctimas o victimarios.
Menores violadores
Un caso recientemente registrado en laFELCC de La Paz es el de Miguelina (nombre ficticio), una niña de nueve años que fue adoptada en una comunidad próxima a Caranavi por una pareja de esposos. Así, la pequeña Miguelina dejó a su familia y se trasladó junto a sus padres adoptivos a La Paz, donde vivía en Sopocachi.
Un primo adolescente del matrimonio, que vivía en un domicilio próximo al de la víctima, aparentemente se encariñó con su nueva sobrina y un día de febrero, hace menos de un mes, aprovechó que no había nadie en casa de sus familiares para violarla.
No lo hizo solo, la niña fue ultrajada por tres muchachos, el primo de 17, otro de 15 y un niño de 11.
Pese a la resistencia que opuso, de acuerdo con el informe policial, Miguelina no pudo defenderse y resultó herida.
La niña fue internada en un centro médico, en el que se recuperó de sus lesiones físicas, pero no puede recuperarse aún del daño psicológico, por lo que recibe atención especializada.
El caso es tan reciente, que la FELCC inició hace cinco días las indagaciones. Citó a declarar a los involucrados para establecer su participación en el hecho.
El año pasado hubo 113 casos. Este año, según la división de Delitos contra Menores y Familia, se presentaron 15 denuncias de este tipo. Suman 128.
Según los informes del Centro de Atención Terapéutica “Renacer” del Servicio Departamental de Gestión Social (CAT–Sedeges) y la división de Delitos contra Menores y Familia de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (FELCC) de La Paz, los casos de abuso sexual contra niños, niñas y adolescentes incrementaron en el orden del 13 por ciento el año pasado respecto al precedente 2008.
Un funcionario del CAT develó que hace tres años, una niña de 11 años, Julia, fue víctima de una violación, producto de la que quedó embarazada. Fue atendida por un equipo multidisciplinario y actualmente vive junto a su bebé, que ya cumplió dos años, en la ciudad de La Paz.
El drama no terminó con el abuso. La niña sufrió un doble trauma, ya que después de ser violada se quejó de dolores y malestar. “Mamá, me duele todo y mi barriga está creciendo”.
De los 113 casos registrados e investigados en la sede de Gobierno durante 2009, sólo uno terminó con la muerte de la víctima. Fue la niña Camila, de cinco años, que falleció el 26 de abril de 2009 en la zona Tomás Katari, de Villa San Antonio.
Un violador capturado en flagrancia recuperó su libertad.
¿Cómo son y cómo actúan los violadores de niños?
Según un documento elaborado por el Centro de Ayuda Terapéutica (CAT) del Servicio Departamental de Gestión Social (Sedeges), no existe un perfil exacto del pederasta o del pedófilo. No se lo distingue a simple vista, pero tiene algunas características que resultan significativas.
Aunque no hay parámetros definitivos, el acercamiento a los niños, por ejemplo, suele ser físico. Tras un primer contacto cuidadoso para no asustar a la víctima elegida ni levantar sospechas, en el segundo encuentro comienzan por tomar al menor de la mano, abrazarlo, mimarlo y darle muestras de cariño.
Estas personas, cuando encuentran una potencial víctima, le invitan golosinas e incluso la colman de atenciones y regalos para generar en ella un sentimiento de aprecio y deuda.
A los niños se les enseña que deben ser agradecidos y corresponder a los gestos de esta naturaleza. Los pedófilos y pederastas se sirven de esta circunstancia. Buscan estar a solas de alguna manera con la niña o el niño para avanzar hacia su objetivo y siempre quieren más. Muchos de ellos tienen una baja autoestima y sólo se sienten seguros ante los menores, pero no existe un porcentaje de éstos.
Las estadísticas demuestran que, por lo general, los violadores de niños sufrieron abusos sexuales en algún momento de su infancia.
Otro grupo de estos individuos busca humillar y doblegar a los pequeños, posiblemente porque experimentó el desprecio de otros niños o niñas durante su infancia. En estos casos, el acercamiento suele ser sorpresivo y sin antecedentes.
Si bien no se cuenta con un perfil exacto del pedófilo ni del pederasta, se pudo establecer un estereotipo de estos enfermos a partir de estudios realizados a personas detenidas y procesadas por la violación de menores.
Ambos actúan de diversas maneras para conquistar a niños y niñas con la finalidad de abusar de ellos, integrarlos en una red de prostitución infantil o para producir pornografía. El CAT-Sedeges recomienda que conocer su forma de actuar es fundamental para mejorar la seguridad de los menores.
Pederasta es el que comete abusos sexuales contra los niños, y pedófilo es el adulto que siente atracción erótica o sexual hacia los niños o adolescentes.
El Código Penal establece penas de 10 a 20 años de presidio para los violadores de niños, pero en caso de muerte de la víctima, la pena es de 30 años sin derecho a indulto.
Silencio por vergüenza
El jefe de la división de Delitos contra Menores y Familia de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (FELCC) de La Paz, teniente coronel Manuel Herrera, afirmó que el abuso sexual o violación —no sólo a niños o adolescentes— no es denunciada por las víctimas, quienes, por vergüenza, prefieren callar antes que exponerse públicamente.
Por su parte, los agresores utilizan en primera instancia la fuerza física y, posteriormente, recurren a la intimidación y a las amenazas de violencia o muerte.
El jefe policial sostuvo que la etapa más vulnerable está entre los ocho y 13 años, cuando niñas y niños están en proceso de cambios fisiológicos. Según las estadísticas, de cada 10 casos de violación a niños, tres tienen por víctimas a niños de cinco o seis años.
Rosmery Ticona, psicóloga del Servicio Departamental de Gestión Social (Sedeges), dijo que el año pasado atendió 33 casos de abuso sexual intrafamiliar, 39 extrafamiliares y 41 en los que la violación no llegó a consumarse o terminó en embarazo.
Algunas cifras
En más del 90% de las violaciones a niños y menores, el delincuente fue un varón, aunque hay mujeres violadoras.
Las estadísticas muestran que el 70 por ciento de las personas que cometieron estos delitos es mayor de 35 años.
Más del 30% de los casos tuvo como actor principal al padre, padrastro, abuelo o tío de las víctimas.
Las autoridades policiales sostienen que hay un alto porcentaje de profesionales y personas inteligentes entre los violadores.
Más de la mitad de estos delincuentes son personas que tienen una familia estable, esposa e hijos.
Una psicóloga del Sedeges asegura que en las cárceles, los violadores suelen ser presos modelo. Tienen buena conducta.
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