Redacción Sociedad
En un bolso azul, Liliana Tupiza guarda sus esmaltes, peinillas, cuadernos... Desde hace tres años esta joven, de 17, cambió los cartones, botellas y más desperdicios por implementos de belleza y libros.
Ella es una de los 229 niños, niñas y adolescentes de la capital y de los 1 925 del país que fueron rescatados de los basurales. Esto dentro del cumplimiento de la meta, Ecuador libre de trabajo infantil en basurales, cuyo plazo vence en junio de este año.
En el país trabajan 662 664 niños, niñas y adolescentes entre 5 y 17 años, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC). De ellos 2 014 en los basurales, según el Ministerio de Relaciones Laborales,
Desde 2007, este Ministerio j la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Unicef intensificaron las gestiones contra el trabajo infantil que ejecuta desde 2001 y se trazó la meta.
En el momento se ha rescatado al 95% de los niños trabajadores de 60 cantones de las provincias de Los Ríos, Manabí, El Oro, Guayas, Esmeraldas... (ver cuadro).
Para Cristian Munduate, representante de la Unicef en Ecuador, “el trabajo infantil de alto riesgo es una violación a los derechos humanos y el trabajo en los basurales es uno de los más perversos”.
Liliana recuerda que al salir de la escuela, a veces sin almorzar, iba a las escombreras con sus dos hermanas mayores para ayudar a su madre, Beatriz Simbaña. Ellas recogían chatarra, cobre, aluminio, plástico, papel, cartón… “Era difícil por el sol, la lluvia o el mal olor, en las noches hacía los deberes”, contó. Liliana vive en Las Carretas Alto, en la parroquia Calderón, en el noreste de Quito. Un sector marginal en donde cerca de 70 familias laboraban en escombreras. Ahora, en las mañanas, cuida de su hermana menor de 4 años, Anahí, y en las tardes estudia belleza en una academia.
Beatriz justifica el trabajo de sus hijas porque “esa fue la única forma de subsistencia después que mi esposo nos abandonó”. Ella sigue en las escombreras, donde gana un promedio de USD 5 al día.
Nubia Taipe, coordinadora del proyecto en Calderón, contó que se dio apoyo psicológico y emocional a los niños, se entregó becas estudiantiles con cobertura en salud, patrocinadas por la Fundación Proniño.
En el proceso ayudaron las ordenanzas municipales que prohíben el ingreso de niños a las escombreras. Además hubo un proceso de sensibilización con los padres. “Yo quiero darles una mejor vida”, dijo Beatriz. Patricio Cajas del Foro de la Niñez y Adolescencia, reconoció la labor, pero dijo que hay que reforzar acciones en las ciudades pequeñas en donde aún hay niños en basurales.
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