En Salta y Jujuy, con el apoyo de muchos auspiciantes del sector privado, la asociación cívica Conciencia creó El Porvenir, con la bandera enclavada en la firme creencia de que los niños no deben trabajar.
Comenzó en 2004 con 200 menores de edad distribuidos en sólo tres centros, pero hoy son 11 con más de 1.400 jovencitos que recuperan de a poco lo que les pertenece: la infancia.
El Porvenir busca formar a los chicos intelectualmente, sacarlos de las agobiantes jornadas de trabajo junto a sus padres (tarea poco sencilla porque la idiosincrasia campesina dice que el niño que no trabaja con el papá es un vago). Para esto, capacitan docentes que instruyen a la familia en cómo debe ser la vida de los niños.
Elsa Aurora Lamas, coordinadora del programa en Salta, indica que "tuvimos que trabajar bastante en este aspecto, pero con el correr del tiempo muchos padres cambiaron esa mentalidad, a punto tal que son ellos los que hoy nos piden anotar a sus chicos en los centros que tenemos".
La historia de Carlita
Con once años, se le humedecen los ojos recordando que desde los cinco y hasta los 10 trabajó junto a su padre como "peoncita rural": "En mi casa somos siete hermanos, y casi todos trabajamos con el papá en el tabaco", cosechando y encañando.
Sin embargo, y para fortuna de ella y de miles de jóvenes que han pasado por El Porvenir, hoy tiene una nueva vida, una vida de niña,
"Mi papá me dice que, para el año, van a venir mis dos hermanitos menores, porque le gusta las cosas que aprendemos", dice Carla, mientras pega figuritas de papel con sus caritas tristes y, junto a ellos, se lee: "No tenemos tanto tiempo para ser niños, entonces disfrutemos lo poco que nos queda", según publicó el diario Clarín.
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