La policía investiga la conexión con mafias de otras ciudades para rescatar a más esclavas sexuales
La red de prostitución desarticulada por la Policía Nacional en A Coruña servirá para tirar del hilo de la maraña que rige el funcionamiento de los pisos patera de esclavas sexuales en el resto de España. Fuentes cercanas a la investigación confirmaron ayer que el matrimonio que administraba las empresas Gatitas y Etiqueta Negra, cabecillas del grupo de seis detenidos, cambiaba de mujeres cada 21 días en los dos inmuebles de contactos que regentaban en la ciudad, en las calles San Sebastián y San Luis. De hecho, las diez chicas rescatadas, la mayoría de origen brasileño, tenían residencia en otras provincias, fundamentalmente Madrid, Barcelona, Alicante y Castellón.
Miguel Ángel Rodríguez Parga, de Abegondo, y su mujer, Mayra Mirquella Castellano Román, de la República Dominicana, fueron puestos a disposición judicial el sábado junto con otros cuatro vecinos de A Coruña, en su mayoría personal encargado de los dos inmuebles, que vigilaban la actividad y controlaban a las chicas.
Las jóvenes eran supuestamente reclutadas a través de contactos con otros proxenetas del resto del país, de modo que la mafia de explotación sexual podría afectar a decenas de mujeres, obligadas a prostituirse durante jornadas de 20 horas, con solo una hora para salir a comprar o utilizar la cocina, de modo que si estaban atendiendo un servicio no comían, y multas de 20 euros si se retrasaban. Además, las condiciones higiénico-sanitarias eran nulas: se las forzaba a mantener relaciones sexuales sin preservativo y no se les permitía parar ni para ducharse entre cliente y cliente. Un juego de sábanas al día era todo lo que recibían.
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