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COSTA RICA: Violencia en los centros educativos

El trágico incidente ocurrido en el colegio Montebello, en Heredia, debe ser motivo de análisis, especialmente para comprenderlo y tomar medidas preventivas encaminadas a impedir que hechos tan lamentables se repitan.

En primer lugar, para comprender el fenómeno de la violencia, debemos rechazar de plano cualquier análisis o explicación simplista. La violencia en general, y en particular la de los jóvenes y adolescentes, no se origina en la falta de legislación o en las leyes “alcahuetas” como las denominan algunos. Tenemos una Ley de Justicia Penal Juvenil muy estricta, con pena privativa de libertad hasta de 15 años. El origen es más lejano, profundo y complejo. La violencia no surge en el vacío, es el resultado de diversos factores de riesgo y respuesta social. La explicación se encuentra en la complejidad de las estructuras sociales, económicas y familiares de toda sociedad.
En segundo lugar, el hecho de que un estudiante de un colegio privado porte un arma de fuego en el centro educativo y le dispare a la directora, desvanece dos mitos sociales. Uno, que la violencia está circunscrita a determinadas áreas o lugares y otro, que solo ciertos sujetos con condiciones sociales desventajosas son proclives a la violencia. La realidad es que la violencia se expresa en cualquier lugar y en todos los estratos sociales. Los ámbitos educativos, aunque sea una verdadera contradicción, son espacios donde ocurren comportamientos en extremo violentos, especialmente en la secundaria. Estudiantes, educadores y autoridades frecuentemente se rehusan a reconocerlo y precisamente por esta negación se produce una verdadera alarma social cuando ocurren hechos tan graves como los del colegio Montebello. Esa es razón de más para un correcto análisis de los acontecimientos, que permita tomar las mejores decisiones. Hechos tan graves como los ocurridos en el colegio Montebello también suceden en centros educativos de otras regiones, como Estados Unidos y Europa, por lo que tampoco esta particular violencia es característica de países como Costa Rica.
La violencia en el ámbito educativo tiene características particulares y especificas, no es cualquier tipo de violencia. Ocurre en un espacio peculiar, como la escuela y el colegio, que deberían ser los lugares menos violentos y más seguros. Además, los participantes en estos actos de violencia –alumnos, docentes y administrativos– se encuentran vinculados por relaciones con características especiales. Su convivencia es intensa y no siempre el manejo de los conflictos es el más apropiado. El estrés, la frustración, la desilusión y la desconfianza son sentimientos comunes y frecuentes en todos ellos. En los adolescentes se manifiestan con características también particulares, que requieren un abordaje complejo y especializado.
Es importante considerar que actualmente los centros educativos, especialmente los de secundaria, se preocupan por la formación especializada, el aprendizaje de un segundo o tercer idioma y la obtención de las mejores posiciones en las pruebas de bachillerato, en lugar de promover una educación cimentada en valores como la solidaridad, la paz, el bien común, la libertad, la tolerancia y los derechos humanos. Si sumamos estos factores a las deficientes instalaciones escolares y la poca importancia que se les da a los maestros y profesores en el proceso de formación de los alumnos, concluiremos que los centros educativos son lugares propicios a la violencia.
Existe un factor que requiere de mención especial cuando se intenta comprender los fenómenos de violencia en el ámbito educativo: es la actitud de los padres de familia y su compromiso con las instituciones de enseñanza. No se trata de un simple contrato privado de servicios entre los padres de familia y el centro educativo. La familia cumple el papel principal en el proceso educativo y formativo. Muchas veces, la violencia de los estudiantes no es otra cosa que el reflejo de la violencia vivida en sus hogares.
El tema es amplio y complejo. No se va a resolver con la simple revisión de los bultos escolares. Los primeros que deben revisar los bultos son los padres de familia. Generalmente, las armas de fuego en manos de los niños y los adolescentes provienen de los adultos. Por eso sería más efectiva una prohibición, si no absoluta verdaderamente restrictiva de la adquisición, portación y tenencia de cualquier arma de fuego, tal como lo propuse en mi artículo “La hora cero de la política criminal” (L.N. 25.11.09).
Debe profundizarse el análisis y el diagnóstico de la violencia juvenil, especialmente en los centros educativos, considerando principalmente los factores de riesgo, para conocer las modalidades de la violencia, sus partícipes y los instrumentos que utilizan. Lo mismo puede decirse de la reacción ante la violencia, tanto institucional como en el ámbito familiar. La búsqueda de soluciones debe ser permanente. Los medios más adecuados y exitosos son los menos violentos, porque la violencia genera más violencia.
http://www.nacion.com/2010-07-11/Opinion/Foro/Opinion2442155.aspx

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Fecha: 12 de julio de 2010 a las 08:58

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